Siempre he tenido una fijación por el paso del tiempo, por la duración de las cosas: por su fugacidad. Lo impermanente, eso de que nada es eterno. Flores, hermosas en vida, con un necesario marchitar.
"No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera."
Seguramente terminaríamos por destruir una habitación eterna de oro. Las cosas pasan, el tiempo va, "hoy se está yendo sin parar un punto", y qué más, ¿que nos queda? Nada. Nos queda apenas la memoria.
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